Por qué los precios no bajan aunque baje la inflación

Por qué los precios no bajan aunque baje la inflación

Lo escucho cada vez que se publica un dato bueno: la inflación baja, los titulares se relajan y en la cocina de casa no cambia nada. No es que el dato mienta. Es que no dice lo que casi todos creemos que dice. Aquí tienes, con las cuentas delante, por qué los precios no bajan aunque la inflación se desplome, y qué tendría que ocurrir para que bajasen de verdad.

La inflación mide la velocidad, no el nivel

Vas a ciento veinte por la autopista y levantas el pie hasta noventa. Sigues alejándote de casa: más despacio, pero alejándote. La inflación es esa velocidad. Que caiga del 10 % al 2 % no devuelve ni un solo precio a su sitio; significa que suben con menos prisa.

La cuenta, con un carro de la compra de 100 euros. Primer año, inflación del 10 %: el carro pasa a 110 euros. Segundo año, la inflación «se desploma» al 2 %: 110 × 1,02 = 112,20 euros. Dos años después, con un titular tranquilizador, tu compra está un 12,2 % más cara que al principio.

Y fíjate en el detalle que casi nadie menciona: ese 2 % no se calcula sobre los 100 euros de partida, sino sobre los 110 que ya habías encajado. El 2 % de 110 son 2,20 euros; el 2 % de 100 habrían sido 2 justos. Cada subida se monta sobre la anterior: la misma tasa cuesta más euros cada año que pasa.

Por qué los precios no bajan aunque la inflación baje

Hay dos palabras que los titulares mezclan sin piedad. Que la tasa caiga se llama desinflación: los precios siguen subiendo, solo que menos. Que bajen, en conjunto y durante meses, se llama deflación, y es un animal mucho más raro.

Los precios no bajan por inercia porque nada empuja hacia abajo. Los salarios se firman en euros nominales y no se reescriben a la baja; los alquileres se revisan al alza o se quedan quietos; los contratos con proveedores, igual. Un precio de venta es la suma de esos costes más un margen: si ningún sumando da marcha atrás, el resultado tampoco.

Ponle números al regreso. Tu carro está en 112,20 euros y quieres volver a los 100. Si los precios cayeran un 1 % al año, tras cinco años el carro costaría 106,70 euros: todavía un 6,7 % por encima del punto de partida. Cinco años seguidos de caídas para deshacer menos de la mitad del camino.

Y nadie persigue eso. El objetivo declarado del Banco Central Europeo es una inflación del 2 % a medio plazo, no el cero ni los números negativos: cuando los precios caen de forma sostenida, la gente aplaza las compras y las empresas recortan plantilla. La meta nunca fue devolverte el carro a 100 euros. Era frenar la subida.

El escalón que apaga la inflación sin bajar una etiqueta

Este es el mecanismo que más confusión genera y es pura aritmética. La tasa de las noticias compara el precio de este mes con el del mismo mes del año anterior. Nada más: un retrovisor de doce meses.

Imagina un producto de 100 euros que en enero del año pasado saltó de golpe a 120. Desde entonces, ni un céntimo más. En febrero su tasa interanual marca un 20 %. En julio, un 20 %. En diciembre, un 20 %. Y en enero de este año, cuando el mes con el que se compara ya es el del salto, cae a cero de un día para otro.

Cero de inflación y el producto sigue a 120 euros. Ahí tienes, en una línea, por qué los precios no bajan cuando el dato se desploma: lo que ha bajado no es la etiqueta, es el retrovisor.

La línea del precio sube de golpe y se queda plana arriba mientras las barras de la tasa interanual caen a cero: la inflación desaparece y el precio se queda donde estaba
La línea del precio sube una vez y se queda arriba; la tasa que la mide se apaga doce meses después sin que nadie cambie una etiqueta. Inflación cero, producto a 120 euros.
Publicidad

Rodéate de personas con tu misma mentalidad.

Ad

La media del 1 % y tu compra del 6 %

El dato general es una media ponderada de una cesta estándar, y dentro caben partidas que van en direcciones opuestas. Tú no compras la media: compras tu cesta.

Hagamos una de 1.000 euros al mes en cuatro bloques. Comida, 300 euros, sube un 6 %: pasa a 318. Vivienda, 400 euros, sube un 3 %: pasa a 412. Energía, 100 euros, cae un 20 %: se queda en 80. Y el resto, 200 euros de ropa, ocio y seguros, no se mueve. Total: 318 + 412 + 80 + 200 = 1.010 euros. Tu inflación es del 1 % clavado.

Ese 1 % es verdad, y tu impresión de que la comida se ha disparado también: son 18 euros más al mes en el súper, 216 al año. Lo que salva la media son los 20 euros que ha dejado de costarte la energía. Si tu casa se calienta con gasóleo y este invierno no has encendido la caldera, ese descuento no ha pasado por tu bolsillo: tu cesta son 318 + 412 + 200 = 930 euros sobre los 900 de antes, un 3,3 %. Más del triple del titular. Y encima la comida la compras cada semana y lees la etiqueta cada vez; el recibo de la luz llega una vez al mes y, cuando baja, no lo celebras.

Lo que vi en la trastienda de un súper de Valladolid

El pasado noviembre me llamó el gerente de una cadena pequeña de supermercados de barrio. Quedamos en la trastienda de la tienda más antigua, entre cajas de fruta y el zumbido del arcón de congelados, con un listado de precios impreso y subrayado en amarillo sobre una mesa de plástico que cojeaba.

«Me acusan de quedarme la bajada», me dijo, con el bolígrafo dando golpecitos en la hoja. «En la radio dicen que la inflación ha caído y mi clientela cree que la diferencia me la quedo yo.»

Cogimos una línea de su listado: la botella de litro de aceite de oliva virgen extra. Dos años antes la vendía a 4,20 euros. Llegó a 8,90. Aquella mañana estaba etiquetada a 7,60. No son datos de mercado: son precios que había cobrado él, en su caja.

Hicimos las dos cuentas sobre la mesa coja. De 8,90 a 7,60 hay 1,30 euros de bajada, un 14,6 % menos en un año. Y frente a los 4,20 de partida, esos 7,60 siguen siendo un 81 % más caros. Había bajado el precio de verdad y la botella seguía costando casi el doble que dos años atrás. Las dos cosas eran ciertas a la vez.

Salí de allí con una frase que uso desde entonces en mis informes: contamos la inflación en una unidad, la velocidad, y la vivimos en otra, el nivel.

Preguntas frecuentes

¿Volverán alguna vez los precios a lo que costaban? Productos sueltos, sí: la energía, la fruta de temporada o los billetes de avión suben y bajan. El conjunto de la cesta, casi nunca, y no por un complot: los precios no bajan mientras los costes que hay detrás sigan donde están. Lo que sí se recupera con el tiempo no es el precio antiguo, sino la distancia entre lo que ingresas y lo que pagas. Vigila esa distancia, no la etiqueta.

¿Merece la pena esperar a que baje algo caro? Depende de si esa partida tiene vaivenes propios. Para una compra de 2.000 euros: si la categoría sube un 3 % durante el año que esperas, la espera te cuesta 60 euros; si cae un 5 %, te ahorra 100. En categorías estables, esperar es apostar 60 euros contra casi nada; en las volátiles tiene más sentido, si puedes elegir el mes.

¿Qué es la inflación subyacente y por qué se mira tanto? Es la misma tasa quitando energía y alimentos frescos, las dos partidas que más brincan por el clima y por el precio internacional del combustible. Sirve para saber si la subida se ha colado en el resto de la cesta o si fue un golpe pasajero. Para tu bolsillo, en cambio, la que pagas en caja es la general.

Puntos clave

  • La inflación mide a qué velocidad suben los precios, no cuánto cuestan: del 10 % al 2 % deja el carro de 100 euros en 112,20.
  • Desinflación es subir menos; deflación es bajar. Los precios no bajan solos: con caídas del 1 % anual, cinco años dejarían el carro en 106,70 euros.
  • Efecto escalón: un salto de 100 a 120 euros en enero da un 20 % interanual doce meses y un 0 % al siguiente, con la etiqueta clavada en 120.
  • Tu cesta no es la media: comida +6 %, vivienda +3 % y energía −20 % dan un 1 % de media y 18 euros más al mes en el súper.
  • Un precio puede haber bajado un 14,6 % en un año y seguir un 81 % por encima del de hace dos: ambas cosas son ciertas a la vez.
Silvia Montalbán

Silvia Montalbán

Analista de coyuntura económica especializada en inflación y poder adquisitivo

Silvia Montalbán es analista de coyuntura económica con más de doce años elaborando informes de precios y poder adquisitivo para consultoras y publicaciones especializadas. Formada en Economía, mantiene desde 2021 un seguimiento propio de la cesta de la compra española que contrasta cada mes con el IPC oficial del INE. En inflacion.io publica análisis en términos reales sobre lo que pierde de verdad un ahorrador cada año, con metodología a la vista y sin promesas de rentabilidad.

← Volver al inicio